miércoles, 17 de junio de 2009

Víctimas.

Me sigue importando un comino tu dolor. Vamos, sigue llorando, no, no lo digo por maldad, sólo por macabra diversión.
Y me observas así, con los ojos cristalinos y rojizos por tanto llorar. Aún así, no tu dolor no alcanza a las espectativas que deseo yo.
Que suave cabello... lástima, está un poco enredado. ¡Ups! Te dolió ése pequeño tirón. ¿A no? Bueno... ¿qué tal estuvo aquel corte de raíz? Vamos, podrías imponer una nueva moda, o raparte el otro lado y hacerte punk. ¿No sería divertido?
Ahora, con tu rostro entre mis dedos, húmedos por el correr de tus lágrimas, me suplicas perdón. ¿Perdón a mi? ¿Por qué a mí? ¿Acaso no fué él quien sufrió? Claro, yo también, pero sólo una fracción. Quizás, dejar correr la sangre de tu garganta a borbotones pudiese alcanzar.

Y al final, lo último que sintió ella, la sufrida, fué cómo desgarraba la piel de su víctima, dejando correr la sangre por entre sus pies.

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