Jugaban y correteaban las pequeñas sombras.
Reían como sombras.
Sonreían como sombras.
Y aún así... no eran sombras.
Tan solo éran el pasado de lo que una vez fueron, de lo que alguna vez hicieron, jugaron, cantaron, corretearon... amaron, quisieron, desearon.
Y ahora, aquí, perdida frente al inmenso mar, me doy cuenta de ello. Todos los recuerdos se convierten en pequeñas sombras, que se pasen frente a nuestros ojos haciendo lo mismo una y otra vez. Y no se disipan, aparecen en ésos momentos de quietud, donde nada es todo, y todo es cuestionable, como esos recuerdos que surgen a la media noche, en el insomnio del cuerpo, la mente se activa, y las sombras aparecen, vivas y nítidas, aún cuando cerremos los ojos, ellas... siguen allí.
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