
- ¿Y si entonces me marcas como de tu propiedad? - Preguntó sin miedo a su respuesta... por que la conocía muy bien... demasiado.
- Conoces sus concecuencias, no quieres eso. - Contestó él aún observando el vino carmesí contra la luz de la vela.
- No... pero mi deseo de mantenerme junto a tí es mayor. - La voz se le quebró antes de terminar la oración.
No necesitó girar hacia ella para darse cuenta de que las lágrimas se agolpaban bajo sus largas pestañas.
- No juegues conmigo, Nadia.- Dejó la copa sobre la mesa de caoba, posando sus ojos grisáseos sobre los castaños de ella.
- No lo hago ... sólo...- Terminó con los brazos entrelazados en el cuello de él, abrazándolo, queriendo mantenerse junto a él. - Por favor... por favor, Paul.
- Morirías... ¿morirías solo por mí?.
- Por tí... por tí estoy aquí.
Enroscó su brazo leproso en la cintura de ella... besándola, manteniéndola junto a él... hasta el final.
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