
Con una sonrisa en el rostro, los labios de un rojo carmesí... perfecta estaba para salir. Pero el destino sabe, el destino traza caminos para quien los desee, y ella escogió.
El vestido rojo ciñendo su figura bajo el abrigo negro, el cabello recogido y los zapatos de tacón haciendo sonar sus pasos al andar sobre la loza del salón. El nerviosismo crecía en su interior, como mariposas revoloteando en el campo en plena primavera, estaba cerca, sólo debía encontrarle entre los muchos hombres del lugar.
Un mozo le ofreció dejar su abrigo.
-Busco a Dean Weird- dijo ella al mozo, el cual sonrió con amabilidad y luego le indicó con un gesto que le acompañara.
El hombre era muy elegante, con un caro perfume había llenado el ambiente a su alrededor, una cena agradable, con platos exquisitos, un vino fabuloso le recorrió la sangre de pies a cabeza, las mejillas se le habían tornado rosas en unos minutos extasiados. Vino iba, vino venía. Risas, comprometedores susurros en el oído. Todo parecía sacado de una película de lujos y vidas de altas sociedades. Luego... ¿cómo había llegado hasta ése lugar de mala muerte? Con su vestido desgarrado y lleno de barro... el maquillaje corrido y el vino perdiendo efecto sobre los sentidos.
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